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La leptospirosis es una es una zoonosis diagnosticada desde hace muchos años en diferentes especies animales. Está presente con frecuencia en los países de clima subtropical o tropical húmedo, a menudo estacionalmente y vinculada a ciertas condiciones de hábitat se presenta como brote.
Dado que las manifestaciones clínicas varían en tipo y gravedad tanto en el hombre como en animales, es casi imposible la confirmación clínica de la enfermedad y de allí la necesidad e importancia del diagnóstico de laboratorio para confirmar los casos de leptospirosis y determinar el alcance del problema e implementar las medidas de prevención y control.
El diagnóstico se confirma a través del aislamiento en los picos febriles durante la fase leptospirémica. El diagnóstico en muestras de suero se realiza principalmente por la técnica de microaglutinación con los distintos serovares según la especie.
La leptospira pertenece al orden spirochaetales (han sido identificadas más de 170 variedades que pertenecen a unos 23 serogrupos), y entra en el organismo a través de la boca, naríz o pequeñas heridas en la piel. Por lo tanto, es riesgoso nadar en aguas contaminadas, caminar descalzo por el barro o tomarlo con las manos en el campo sin protegerse adecuadamente.
Aunque el índice de mortalidad es bajo en Argentina (alrededor del 1%), la situación del enfermo se complica cuando tarda en buscar ayuda médica.

La leptospirosis es una afección causada por una bacteria del orden spirochaetales, la leptospira interrogans.
Síntomas
Debido a que la leptospirosis generalmente causa síntomas similares a la gripe, muchos casos pasan inadvertidos.
Los síntomas suelen presentarse entre dos y veinte días después de la infección. La enfermedad suele comenzar abruptamente con:
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Fiebre, dolor de cabeza |
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Ojos enrojecidos (conjuntivas inyectadas) |
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Dolores musculares y escalofríos |
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Afecciones a los pulmones, manifestada con tos y esputos de sangre (entre un 10 y 15% de los infectados) |
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Color amarillento de la piel |
Entre sus manifestaciones más graves se encuentra el síndrome de Weil, que causa fiebre contínua, estupor y una menor capacidad de caogulación de la sangre, que deriva en hemorragias dentro de los tejidos. También pueden aparecer síntomas de afección renal y hepática.
Modo de contagio
La bacteria se aloja en los conductos renales de los animales afectados. Los más comunes son las ratas y los perros (zonas suburbanas) y los animales de cría (zonas rurales).
La enfermedad se transmite a través de la orina de los animales y el contacto con ésta. No se transmite de persona a persona.
La bacteria que puede sobrevivir varios días en lugares con gran humedad, se contagia a través de la piel o membranas mucosas en contacto con el agua, tierra húmeda o vegetación contaminadas.
La humedad, el calor y la vida en condiciones de extrema pobreza o abandono, son factores que favorecen a la enfermedad, ya que se trata de una dolencia asociada a condiciones medio ambientales deficientes. También el calor opera en favor de la aparición de ésta y otras enfermedades infecciosas.

Desarrollo de la enfermedad.
Tratamiento
Aunque es una enfermedad con tratamiento específico mediante antibióticos (se trata con doxicilina, penicilina G y la anmoxicilina), y que en la mayoría de los casos evoluciona favorablemente, la leptospirosis puede resultar mortal cuando no se trata tempranamente.
Prevención
La enfermedad no se previene con ninguna vacuna y sólo puede someterse a un tratamiento eficaz si se la detecta a tiempo.
La sola presencia de roedores no significa que se esté ante un riesgo certero de contraer leptospirosis, ya que el agente transmisor debe estar afectado.
No obstante, es necesario evitar todo tipo de contacto con roedores, para lo cual es indispensable dar cumplimiento a medidas mínimas de prevención domiciliaria. Entre ellas se destacan:
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Vacunar a los animales domésticos contra esa enfermedad |
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No entrar en contacto con la orina de animales domésticos o silvestres |
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No bañarse en aguas contaminadas |
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Combatir ratas y otros roedores en domicilios y alrededores |
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Evitar la acumulación de basura, escombros y malezas |
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Sacar los residuos en horarios establecidos para su recolección |
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Utilizar guantes de goma para desratizar |
El avance de las ciudades modifica el ambiente en el que se mueven algunos animales, muchos de ellos portadores de microorganismos nocivos para el ser humano. El caso de la rata -capaz de transmitir el hantavirus y la leptospirosis- es uno de ellos. El comportamiento de la rata cambia y se hace cada vez más urbanizado a medida que la ciudad crece. En una ciudad que va creciendo en condiciones precarias, en terrenos bajos, sin agua corriente, sin disposición de excretas y sin zanjas, es el medio en el que la rata se mueve, cerca de alimentos, ropas y utensilios, exponiendo a los habitantes de esos lugares de riesgo, al contacto con las enfermedades.
Tener en cuenta
Se deben higienizar los ambientes con agua clorada (2 gotas por litro); erradicar los roedores que pudieran existir; proteger y cubrir los alimentos almacenados; usar botas en áreas anegadas; eliminar residuos y desmalezar.-
Los roedores y los perros son los principales reservorios de la bacteria en zonas urbanas.
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